Abren sus puertas a Las Máscaras

Parte de la tradición hatillana consiste en recibir a los enmascarados en sus hogares y agasajarlos con comida y bebida

Locales 28 Dec 2016
Con solo 5 añitos, Luis Daniel López Maldonado luce los colores de Los Abayaldes, durante las Máscaras de Hatillo. Foto / JORNADA NOTICIOSA

Más allá de las ensordecedoras sirenas, los elaborados trajes y las coloridas carrozas, el Festival de las Máscaras de Hatillo contiene una tradición, muy conocida para los vecinos de los campos de Hatillo. La visitación de las Máscaras.

Cientos de hatillanos abren sus hogares desde tempranas horas para recibir centenares de enmascarados, compueblanos y hasta turistas, que llegan a los campos para participar de la actividad. Unos por hermandad familiar, otros por promesas y algunos por preservar la tradición. No falta la comida, agua y bebida, y la disponibilidad de un baño para los visitantes, algunos de los que llegan buscando donde acicalarse tras haber sido embadurnados con crema de afeitar por los enmascarados. En cada una de estas casas se les recibe como si fueran un miembro del hogar, se les brinda comida y hasta conversación.

En ‘La 15’, acababa de marcharse una carroza con cerca de 75 enmascarados de la residencia de Miguel Bonilla, cuando tres guaguas del municipio repletas de turistas se detuvieron a hacerle la visita y almorzar en el lugar, que ya estaba abarrotado por sus vecinos. Mientras esto ocurría, tres carrozas mas se detuvieron en el lugar. “Yo llevó 32 años recibiendo las Máscaras en mi casa con mi mamá”, comentó Bonilla. “Estamos todo el día recibiéndolos y no escatimamos en gastos para atenderlos”, añadió. La residencia de Bonilla fue la segunda parada en un recorrido auspiciado por el municipio de Hatillo.

Al entrar al lugar, los visitantes fueron recibidos con Arroz con gandules, ternera asada, ternera frita, picadera, entremeses y bebidas de todas clases. El hombre que en su juventud participaba de la celebración, relató a Jornada Noticiosa que luego que su madre fuese diagnosticada con cáncer, decidió no volver a correr Máscaras. “Fue una promesa que hice de recibir las Máscaras cuando le diagnosticaron el cáncer a mami, y ya van 32 años y por ahí esta ella conmigo”, manifestó. Añadió que a pesar que la gente se confunde con la familia en su hogar ese día, nunca ha habido problemas ni tampoco ha faltado nada en la residencia.

En la residencia contigua a la de Bonilla, su vecino preparaba carne al pincho. Uno de los turistas se le acercó y le preguntó con intención de comprarle. La respuesta del hombre mientras le extendía uno, fue inmediata. “No están a la venta. Son para las visitas, ¿cuantos quiere?”.

Un poco mas adentro, a orillas de la carretera 130 en el barrio Pueblo de Hatillo, en la casa de Genoveva Cruz Delgado, no cabía un alma mas. La mujer de 80 años y madre del alcalde, José ‘Chely’ Rodríguez recibía las visitas de las Máscaras en el balcón. Cruz Delgado relató a Jornada Noticiosa que desde hace 13 años abren su hogar el 28 de diciembre para ver las Máscaras y recibir las visitas. Cruz Delgado mencionó que ahora son mas los participantes que en su juventud, cuando las comparsas eran a caballo y recalcó que es una tradición que “nunca debe acabarse”. El menú para los visitantes en la residencia de doña Genoveva era arroz con gandules, pasteles, pernil y toda clase de picadera. No faltaban los refrescos y la bebida para el que quisiera combatir la calor.

La cuarta parada del recorrido fue en el estacionamiento del supermercado Selectos de Hatillo, donde los dueños del establecimiento presiden una organización dedicada a fomentar y preservar la tradición del Festival de las Máscaras. Aileen Oquendo, del Consejo 28 explicó que su organización reúne para aconsejar a las personas para que sigan la tradición de nuestro pueblo. “Nosotros somos partícipes y propagamos nuestra tradición de toda la vida y pensamos que la gente puede allegarse hasta aquí y compartir, y comer y beber, gratis”, añadió la esposa del propietario del colmado.

Oquendo explicó que cada año, el colmado se convierte en un ‘oasis’ al que los enmascarados llegan a descansar, comer y restablecer sus energías, mientras la gente se da cita para recibirlos, apreciar los disfraces y carrozas y disfrutar del pernil de cerdo, acompañado con pan, entremeses, bebida y agua.